Opciones políticas del análisis textual en las ciencias humanas y sociales: reproducción, justificación, impugnación y transformación ante el eslogan “Mover a México”

Conferencia magistral en el marco del VI Congreso de Ciencias Sociales y Humanidades, en el Auditorio Pedro de Alba de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, 20 de octubre 2015

David Pavón-Cuéllar

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Aspectos teóricos, metodológicos y políticos de la cientificidad

No se ha llegado a ningún consenso definitivo en torno a la cientificidad de las ciencias humanas y sociales. Hay, en un extremo, quienes las aceptan de modo general como disciplinas plenamente científicas. Pero hay también, en el otro extremo, quienes rechazan en bloque sus pretensiones de cientificidad y las reducen a vanos simulacros de ciencia. Entre los dos extremos, tenemos a quienes distinguen entre las auténticas y las inauténticas ciencias humanas y sociales. Aquí el criterio distintivo es también un asunto altamente polémico. La cientificidad podrá estribar en condiciones tan disímiles y a veces tan contradictorias como la objetividad, el carácter verificable y replicable, el poder predictivo, la refutabilidad o falsabilidad, la precisión y la claridad, el sustento argumentativo, la consistencia interna, la capacidad explicativa, la disposición interpretativa y comprensiva, la reflexibilidad y hasta la tensión autocrítica.

La cuestión epistemológica de la cientificidad de las ciencias humanas y sociales, tal como ha sido planteada y replanteada sin cesar, no es tan sólo una cuestión de índole teórica, sino también de carácter práctico, y esto en dos sentidos totalmente diferentes. Por un lado, en un sentido metodológico, se discute qué métodos pueden asegurar la cientificidad de las ciencias humanas y sociales. Tenemos aquí las batallas interminables entre las trincheras enemigas de quienes defienden lo cualitativo y lo cuantitativo, lo inductivo y lo deductivo, lo analítico y lo sintético, lo explicativo y lo comprensivo, lo hipotético y lo fundamentado, lo hermenéutico y lo empírico, lo observacional de campo y lo experimental de laboratorio.

La misma cuestión de la cientificidad de las ciencias humanas y sociales, por otro lado, tiene un carácter práctico en el sentido político del término. Los fines y los efectos en la sociedad y en la historia son entonces aquello en función de lo cual se discute si las ciencias humanas y sociales merecen efectivamente el nombre de ciencias. Lo científico se debate entre opciones políticas opuestas: lo pretendidamente apolítico y lo abiertamente político, lo neutral y lo posicionado, lo contemplativo y lo participativo, lo confirmativo y lo crítico, lo reproductivo y lo subversivo, lo conservador y lo progresista, lo descriptivo y lo transformador.

Vinculaciones entre las opciones teóricas, metodológicas y políticas

Las opciones políticas tienden a vincularse con ciertas opciones teóricas y metodológicas de las ciencias humanas y sociales. Sin embargo, contra lo que suele creerse, no hay una correspondencia necesaria y esencial entre los tres planos de la política, la metodología y la teoría. Ciertamente, cuando fundamos la cientificidad en el carácter objetivo y en el poder predictivo de nuestras conclusiones, tendremos buenas razones para preferir los métodos empíricos, experimentales y cuantitativos, y para optar políticamente por cierta neutralidad valorativa, más reproductiva que subversiva, y más descriptiva que transformadora. Pero también es posible que un proyecto político de subversión y transformación, bien justificado por una concepción de la ciencia como práctica militante, requiera datos duros, números y experimentos, y favorezca la predicción y la objetividad, aunque sea únicamente con ciertos fines estratégicos o persuasivos. Por ejemplo, si queremos demostrar jurídicamente y denunciar públicamente la grave manipulación de las informaciones en los noticiarios de Televisa o en el periódico Milenio, conviene que no prescindamos de métodos cuantitativos estadísticos, y que al menos algunas de nuestras observaciones muestren la mayor objetividad e incluso nos permitan prever con exactitud las distorsiones de futuras noticias. Quizás tan sólo así podamos asegurar que nuestra investigación tenga impacto público y peso jurídico.

Ahora bien, aunque no haya una correspondencia esencial y necesaria, sí hay ciertos vínculos intrínsecos determinantes e insoslayables entre los planos teórico, metodológico y político. Estos vínculos hacen que algunas teorías y algunos métodos, aparentemente neutrales e imparciales, impongan o excluyan ciertas opciones políticas, vehiculen formas de acción social y tengan consecuencias directas en el desequilibrio de fuerzas del campo cultural histórico. Es lo que intentaré mostrar ahora, en los siguientes minutos, en el caso preciso del análisis textual en las ciencias humanas y sociales.

Veremos cómo tres distintos enfoques teórico-metodológicos analítico-textuales, el análisis de contenido, el de discurso y el crítico de discurso, nos orientan respectivamente a las opciones políticas de reproducción, justificación e impugnación del sistema ideológico-discursivo dominante, al menos cuando se utilizan para analizar textos atravesados y articulados por este sistema. Finalmente nos preguntaremos cómo ir más allá de la impugnación crítica para posibilitar una transformación práctica en el campo del análisis textual. A cada paso de nuestra breve reflexión, intentaré ilustrar lo reflexionado a través de incursiones analíticas puntuales en una frase que ha resonado una y otra vez en México desde el mes de diciembre del año 2012. Me refiero a la consigna sistémica “Mover a México”, eslogan del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Reproducción

Empecemos por el análisis de contenido y veamos qué puede enseñarnos acerca del “Mover a México” de Peña Nieto. Al someter este eslogan a un análisis de contenido, lo primero que podemos hacer es intentar comprender lo que significa, lo que quiere decir, lo que Peña Nieto y su equipo intentan comunicarnos a nosotros como ciudadanos y futuros votantes. Nos diremos, por ejemplo, que la frase “Mover a México” busca transmitir el dinamismo del proyecto de país de Peña Nieto, su énfasis en el movimiento inherente a las reformas estructurales y al desarrollo económico del país.

“Mover a México” sería desarrollar a México, reformarlo, transformarlo, modernizarlo, desbloquearlo, permitirle escapar a sus inercias, inhibiciones e inmovilismos. Al decir todo esto, ya estamos haciendo un análisis de contenido, es decir, un análisis de lo que suponemos que hay dentro del texto que analizamos, ya sean significados, ideas o mensajes, o bien, de manera más precisa, correlatos de nociones teóricas provenientes de nuestro campo disciplinario en las ciencias humanas y sociales. Un psicólogo como yo, por ejemplo, bien podría sostener que el “Mover a México” refleja deseos de cambio y sentimientos de impaciencia, un ánimo activo y prospectivo, una actitud positiva hacia el movimiento, una orientación política progresista y no conservadora, una representación unitaria y dinámica del país.

Al hacer un análisis de contenido, creemos descubrir el contenido, el sentido, la significación cognitiva o denotativa de las palabras, de los significantes discursivos que analizamos. El “Mover a México” significaría todo lo que hemos dicho, como la impaciencia o el dinamismo, o la promesa de progreso y desarrollo. ¿Pero es verdad que el “Mover a México” significa todo eso? ¿La impaciencia y el desarrollo son verdaderamente ideas o cosas, pensamientos o sentimientos, realidades, significados cognitivos o denotativos del significante discursivo “Mover a México”? ¿Acaso la impaciencia y el desarrollo no son también significantes discursivos?

¿Acaso la impaciencia y el desarrollo, al igual que el progreso y el dinamismo y todo lo demás que señalamos, no son más palabras, puras palabras, palabras analizadoras que se agregan a las palabras analizadas “Mover a México”? Y al agregarse a ellas, ¿acaso no las continúan, las prolongan, las corroboran en un discurso tautológico, repetitivo, redundante, reproductivo del sistema? Éste suele ser el discurso producido por los análisis de contenido.

Al descubrir lo que el discurso analizado supuestamente quiere decir, el buen analista de contenido lo hace decir muchas más cosas que dicen aproximadamente lo que ya dice. Las palabras del analista, en efecto, deben decir aproximadamente lo mismo que ya dice el discurso analizado, pues tan sólo así pueden hacerse pasar por su contenido o significación. Es así como el discurso puede prolongarse, continuarse, perpetuarse con supuestas ideas que son en realidad más palabras que sólo confirman las palabras analizadas y que así reproducen el sistema ideológico-discursivo dominante que las rige. Este sistema dispone ahora de otro portavoz en la figura del buen analista de contenido.

En el eslogan analizado, el analista de contenido une su voz a la de Peña Nieto, desarrolla lo que dice, lo confirma y lo reafirma al decir lo que supuestamente quiere decir. “Mover a México” ya no es tan sólo “Mover a México”, sino también “Cambiar a México”, transformarlo, desarrollarlo, hacerlo progresar y avanzar, desbloquearlo, desinhibirlo, despertarlo. Es como si la campaña gubernamental continuara en los buenos oficios del analista de contenido. Su función, perfectamente bien integrada en el sistema, es dedicarse a decir todo lo que el sistema y sus representantes quieren decir.

Si quisiera oponerse al sistema ideológico-discursivo dominante al contradecir el discurso analizado, el analista de contenido tendría que ser un mal analista de contenido, pues debería suponer que el discurso quiere decir algo que de algún modo contradice lo que dice. Un analista de contenido que descubriera cierto despotismo en la consigna de Peña Nieto podría ser cuestionado con bastante facilidad. ¿Por qué el “Mover a México” significaría despotismo? ¿Necesitamos de un déspota para mover al país? ¿Acaso el país no puede moverse por sí mismo a través de un gobierno como el ofrecido por Peña Nieto? ¿En qué se basa la supuesta significación despótica del “Mover a México”?

El movimiento no puede querer decir despotismo por sí mismo… No habría manera de refutar ni esta objeción ni otras análogas cuando hacemos análisis de contenido. Al optar por este método, estamos excluyendo cualquier posibilidad de crítica e impugnación directa de lo analizado. Nos estamos condenando a la reiteración con otras palabras. Y cuando lo reiterado es un texto sistémico y no contra-sistémico, su análisis reiterativo implica lógicamente una opción política por la reproducción del sistema ideológico-discursivo dominante.

Justificación

Considero, pues, que al analizar discursos articulados por el sistema ideológico-discursivo dominante, la opción metodológica por el análisis de contenido implicará de algún modo una opción política por la reproducción del sistema. Para no caer en esta reproducción, habrá que renunciar al análisis de contenido propiamente dicho. ¿Pero entonces cómo abordaremos el texto que debemos analizar?

Una vez que descartamos el análisis de contenido, el primer método que se nos ofrece como alternativa es el análisis de discurso. Este análisis ya no inquiere lo que el discurso analizado supuestamente quiere decir, sino que se concentra en lo que dice. Analiza las palabras y no las supuestas ideas detrás de las palabras, es decir, los significantes discursivos y no sus pretendidos significados cognitivos o denotativos.

En lugar de hacer conjeturas acerca de lo que el emisor tiene en mente al transmitir su mensaje, el analista de discurso examina el mensaje textual, su composición y su organización interna, sus elementos y las relaciones entre sus elementos. Lo que interesa es la consigna presidencial, el “Mover a México”, y no lo que podría significar “Mover a México”. El análisis de discurso consecuente no tiene derecho a encontrar aquí ni un sentimiento de impaciencia, ni una cualidad como el dinamismo, ni una promesa de progreso y desarrollo. Todo esto no está presente de manera textual en el discurso, y, por lo tanto, no es objeto del análisis de discurso.

El único objeto válido para el análisis de discurso es el Mover a México”, es decir, las tres palabras sucesivas: “Mover…, a…, México…”. Lo que hay aquí, entiéndase bien, es el mover, el movimiento, y no el desarrollo ni el proceso ni el dinamismo ni la impaciencia. No hay palabras diferentes de las empleadas por Peña Nieto y por su equipo. Sólo existe lo que dicen y no lo que supuestamente quieren decir al decir lo que dicen.

Ahora bien, si dejamos de interesarnos en lo que significan las palabras, ¿qué diablos podremos decir acerca de las palabras? Como analistas de discurso, señalaremos, por ejemplo, que el “Mover a México” se contrapone a la inmovilidad y enfatiza el movimiento, y que se trata de un movimiento que incide en un país descrito en bloque, de manera singular y unitaria, como aquello que recibe el movimiento, que es movido. También podríamos subrayar, en el mismo sentido, que el eslogan no invoca ni a los individuos ni a las clases ni al mundo, sino a México. El acento está puesto en el país y en su movimiento.

Podríamos continuar indefinidamente con observaciones análogas acerca del “Mover a México”. Esta clase de observaciones muestran claramente lo que se hace al realizar un análisis de discurso. Lo que se hace no es comprender, como en el análisis de contenido, sino describir y explicar, pero sólo en el sentido etimológico del término, es decir, extender, desplegar, desenvolver lo explicado. Esto requiere de un amplio trabajo parafrástico. El resultado puede parecernos tedioso, pero no es por ello menos efectivo, demostrativo y esclarecedor, especialmente cuando nos ocupamos de grandes cuerpos discursivos en los que podemos examinar la estructura textual, sus términos literales y sus relaciones recíprocas.

Independientemente de la amplitud de los textos, el análisis de discurso consigue llamar la atención sobre aspectos que pasan desapercibidos a simple vista. El material analizado se desenvuelve ante nuestros ojos y nos muestra múltiples detalles que se mantenían ocultos, disimulados, antes de que hubiéramos analizado el discurso, es decir, antes de que lo hubiéramos explorado, expuesto, comentado, glosado y elucidado, pues de todo esto es de lo que se trata en la explicación analítica discursiva. Esta explicación es indispensable cuando queremos incursionar en un discurso, pero plantea un serio problema de índole política cuando se basta a sí misma, cuando es el único método que utilizamos, cuando es todo lo que hacemos al analizar un texto articulado por el sistema discursivo-ideológico dominante.

Cuando nos limitamos a explicar un texto sistémico, nuestra explicación puede operar también como una forma de justificación de lo que explicamos. Pensemos en el caso del “Mover a México” de Peña Nieto. Explicar parafrásticamente su énfasis en el país y en el movimiento es una manera de justificarlo a partir de sí mismo y de su perspectiva, en función de su propia estructura, con base en sus mismas razones y argumentos. Le permitimos a Peña Nieto y a su equipo, y también al sistema discursivo-ideológico dominante del que son portavoces, que se expliquen a través de nuestro análisis de discurso. Esto hace que nuestro análisis nos condene a una posición política de justificación del sistema discursivo-ideológico dominante.

No es tanto que nosotros nos convirtamos en voceros del sistema y lo justifiquemos tal como lo reproducíamos en el análisis de contenido. Se trata más bien de que le permitamos al sistema explayarse, explicarse, justificarse, darse a entender y exponer sus razones a través de nuestro análisis. Digamos que nuestro arduo trabajo analítico permite que el sistema discursivo-ideológico exprese con tiempo y detenimiento, de manera detallada, bien fundamentada, precisa y coherente, lo que debe formular con cierta precipitación a través del eslogan. El “Mover a México” puede así justificarse a través de los analistas de discurso que se limitan a ejecutar su análisis.

Impugnación

Por fortuna el análisis de discurso no conduce necesariamente a la posición política de la justificación del sistema discursivo-ideológico dominante. Puede llevarnos al posicionamiento contrario, el de la impugnación del sistema, cuando nos atrevemos a tomar la palabra, diferir de lo analizado y denunciar al enunciar lo que explicamos. Lo que hacemos entonces ya no es tan sólo un análisis de discurso, sino un análisis crítico de discurso, es decir, un análisis posicionado, tensionado y flexionado por el cuestionamiento de lo analizado.

Para criticar un discurso, hay que empezar por analizarlo. Pero el análisis, incluso antes de la crítica, no debe ser cualquier análisis. No debe analizarlo todo por igual, de manera indiferente, manteniendo la atención flotante. Si uno quiere criticar, deberá centrar su atención desde un principio, como es lógico, en lo criticable.

¿Y qué será lo criticable? Por un lado, será lo formalmente problemático en sí mismo, esto es, lo incompleto, lo fragmentado, lo impreciso, lo vago, lo ambiguo, lo inconsistente, lo discordante, lo contradictorio, lo paradójico, lo errático, lo absurdo, es decir, todo aquello en lo que se concentra una lectura sintomal como la propuesta por Althusser. Por otro lado, lo criticable será lo formalmente problemático no en sí mismo, sino para nuestra posición política, es decir, aquello que juzgamos inadmisible o indignante, aquello que nos ofende o contra lo que luchamos, aquello que se contrapone a nuestra orientación en la sociedad y en la historia. Todo esto no podrá ser impugnado, a través de un análisis crítico, sin haber sido antes detectado en el discurso a través del trabajo analítico.

El análisis de discurso, para ser crítico, deberá empezar por analizar el material textual de tal modo que ponga en evidencia lo que resulte susceptible de crítica. Este elemento criticable puede ser detectado incluso en un discurso tan breve como el eslogan de Peña Nieto. El “Mover a México”, en efecto, presenta detalles reveladores para un análisis crítico de discurso. Me referiré brevemente a cinco de estos detalles.

  1. En primer lugar, notemos que “Mover a México” es una expresión en infinitivo, impersonal, sin sujeto, de tal modo que no sabemos exactamente qué o quién mueve a México. Tan sólo se nos informa que se trata de “Mover a México”. Está sobreentendido que alguien o algo lo mueve, pero no se nos dice qué o quién. Lo único suficientemente claro es que México no se mueve por sí mismo, sino que se le mueve desde afuera, desde el exterior. ¿Pero qué o quién lo mueve? ¿Es el gobierno? ¿O quizás el dinero, la finanza, el capitalismo globalizado? ¿Serán los Estados Unidos? ¿O quizás una organización criminal que esté controlando el gobierno del país? No lo sabemos, pero hay evidentemente algo muy preocupante que se está revelando en el eslogan, y es que alguien o algo desconocido moverá exteriormente a México a través de tantas reformas estructurales y otros movimientos análogos, y no se nos aclara qué es o quién es, quizás porque es mejor no aclararlo, porque hay algo ahí que no debe decirse, que no nos gustaría escuchar, que provocaría inconformidad entre nosotros los ciudadanos y futuros votantes.
  2. Otro detalle preocupante es que tampoco se nos explica para qué o hacia dónde “Mover a México”. El movimiento es el único propósito explícito. Lo importante es mover al país, como si el movimiento de México fuera bueno en sí mismo, como si diera igual para qué se le mueve o hacia dónde se le mueve. Y sin embargo, esta cuestión resulta fundamental, pues existe el riesgo de que se pretenda “Mover a México” hacia atrás o hacia abajo, hacia el abismo, hacia el despeñadero, o simplemente hacia el mercado en el que se le venderá por partes a compradores mexicanos y extranjeros.
  3. Un tercer detalle preocupante, que también deberá ser detectado en el análisis, es la posición pasiva del país en el eslogan. En el “Mover a México”, México es objeto y no sujeto de la frase, es lo movido y no lo moviente. México no es lo que se mueve por sí mismo como uno esperaría en una perspectiva soberana y democrática, sino que es aquello movido por alguien más o por algo más. Y hay que insistir en que ni siquiera sabemos qué o quién habrá de mover a México. Tan sólo se nos dice que México será el objeto pasivo de un movimiento que no será su propio movimiento. Esto es muy grave, especialmente cuando consideramos que no conocemos el agente del movimiento, ni tampoco la razón, el propósito y la meta. Sólo sabemos que se trata de que alguien o algo desconocido mueva al país con objetivos también desconocidos y hacia un destino igualmente desconocido, y todo esto en lugar de permitir simplemente que México se mueva por sí mismo hacia donde él quiera y con el propósito que mejor le parezca.
  4. Un cuarto detalle es que el “Mover a México” se refiere al país, a México, pero no a los mexicanos. Aunque esté interpelando a los ciudadanos y a los futuros votantes, no alude a ellos ni a ninguna otra persona, lo que hace que se distinga claramente, por ejemplo, de las consignas electorales de los antiguos contrincantes de Peña Nieto, “Un México para todos” de Josefina Vázquez Mota, y “El cambio verdadero está en tus manos” de Andrés Manuel López Obrador. Estos candidatos no olvidaron a las personas o al menos a los votantes de quienes querían los votos, a quienes interpelaban de manera directa. El Peje hablaba de ti mientras que la panista prefería mencionar a todos, pero Peña Nieto extrañamente no habla de nadie. Es como si no le importaran las personas, los habitantes del país, sino el país, el botín. Es también como si el equipo de Peña Nieto, que obviamente ya está pensando en los próximos procesos electorales, no requiriera de los votantes potenciales y no fuera a ganar las futuras elecciones con personas que deciden su voto y van a votar, sino con algo diferente, quizás con el voto duro impersonal, o con el miedo y los cadáveres, o con las despensas y el dinero distribuido a izquierda y derecha. Sea lo que fuere, el caso es que aquí falta el pueblo, el demos de la democracia. Faltamos nosotros. O más bien estamos dentro del paquete completo de México, dentro del contenedor, como cualquier mercancía. Nos encontramos aquí dentro de este México movido por alguien o por algo desconocido y sin propósito ni destino conocido. Todo parece haberse decidido por encima de nuestras cabezas.
  5. Me gustaría llamar su atención, para terminar, sobre un quinto detalle. Notemos que se trata de “Mover a México” y no de transformarlo, tal vez porque verdaderamente no hay un objetivo de transformación, de cambio, sino sólo de movimiento, desplazamiento, desalojo. Para desalojar a México, mejor no cambiarlo. Tal como está, será más fácil moverlo, empaquetarlo, transportarlo, exportarlo, venderlo. Todo esto requiere que México siga siendo el que es, con sus corrupciones e injusticias, con sus miserias y carencias, con sus ilegalidades e impunidades.

Una vez que nuestro análisis ha detectado los cinco detalles que acabo de mencionar, podemos pasar al planteamiento de una hipótesis que nos permita dar concreción y sustantividad a nuestra crítica del eslogan analizado. Notemos bien que tal hipótesis aparece al final, cuando ya hemos hecho nuestro análisis, y no al principio, como hubiera ocurrido en un análisis de contenido y en su perspectiva metodológica generalmente hipotético-deductiva. Un análisis de contenido permite corroborar la hipótesis, mientras que el análisis crítico de discurso tan sólo permite generarla.

Hacia la transformación

¿Pero cómo pasar del análisis a la hipótesis? Este pasaje se hará cuando respondamos hipotéticamente las interrogantes que hayan surgido en el análisis, y dependerá evidentemente de nuestra precisa opción política, de nuestro posicionamiento, de nuestras convicciones y de la dirección que deseamos imprimir a la sociedad. Todo esto determina la hipótesis, pero no debería permitirnos prescindir de un análisis previo. Sin el momento analítico y crítico, el planteamiento hipotético degeneraría en un simple discurso doctrinario, partidario y militante. Este discurso puede afirmar lo que uno quiera, mientras que la hipótesis debe fundarse en el análisis crítico de discurso.

Es importante saber también que aquí, en un análisis crítico de discurso, la hipótesis resulta inverificable en el marco estricto del análisis en el sentido corriente del término. Como ya se hizo el análisis, ¿cómo la vamos a verificar? Tan sólo podrá verificarse después del análisis, en la historia, en la práctica, por sus efectos de transformación. Es la continuación del análisis por otros medios en donde la impugnación crítica puede corroborar su hipótesis al posibilitar una transformación práctica en el campo del análisis textual.

La opción política transformadora presupone entonces una opción política por la impugnación. La relación entre la impugnación y la transformación está mediada por la hipótesis fundada en lo críticamente analizado. El análisis crítico no puede tener efectos transformadores si no se concreta en un planteamiento hipotético preciso.

¿Qué hipótesis podemos proponer, por ejemplo, sobre la base de nuestro análisis crítico del “Mover a México”? Pienso que estamos en condiciones de plantear hipotéticamente que el eslogan de Peña Nieto nos confiesa lo que es México para él, para su partido y especialmente para el sistema capitalista liberal salvaje que sirve y al que representa, y en el que encontramos toda clase de empresas, desde las organizaciones criminales que han ensangrentado el país en los últimos años hasta los grandes corporativos nacionales y transnacionales que ahora mismo están saqueando cada rincón de la república. Para este sistema económico-político particularmente corrupto y despiadado, México es un botín de riquezas, de fuerza de trabajo barata y de recursos naturales regalados, y no una tierra con habitantes, humanos, ciudadanos, votantes. Los seres humanos, al igual que el subsuelo y la naturaleza y todo lo demás que existe en el país, aparece como un contenedor lleno de mercancías que pueden comprarse en el momento electoral, con despensas y prebendas, y luego venderse en el mercado mundial. Este gran botín es lo que se mueve al mover a México. El país lógicamente debe ser movido para ser explotado, exprimido, exportado, vendido al mejor postor.

Nada se vende sin moverse. Ha sido necesario mover a México para vender a México. Y venderlo ha permitido a nuestros gobernantes y a sus socios enriquecerse con el precio de la venta. Su riqueza es el premio que se ha ganado al ganar las elecciones. Ganarlas ha permitido efectivamente “Mover a México”, moverlo al privatizarlo, al vaciarlo de su riqueza y al hacerlo circular libremente bajo la forma de las innumerables mercancías en las que se le ha fraccionado, fragmentado, pulverizado.

La libre circulación de mercancías es el movimiento de México prometido y cumplido por el candidato convertido en presidente. Quienes han osado bloquear autopistas o entorpecer esta circulación de cualquier otro modo, como algunos periodistas y normalistas, han sido asesinados o desaparecidos, arrollados por el movimiento de México, por el transporte de todos los trozos de nuestro país que se nos van por carreteras, puertos, vías de ferrocarril y transferencias bancarias. Este movimiento vertiginoso de México no transforma nada, no acaba con la impunidad ni con la corrupción, tampoco mejora nuestro nivel de vida, no disminuye la injusticia ni la desigualdad. Todo sigue igual o peor. Nada cambia, pero sí que se pierde, se esfuma, se va como la renta petrolera.

Cuando vemos cómo se nos va México de las manos, entendemos qué implica el eslogan de Mover a México. Moverlo es llevárselo. Moverlo es desvalijarlo, robárnoslo tal como está, sin cambiar nada en él. El movimiento no transforma nada, sino que solamente lo desplaza, lo acarrea de un lugar a otro, lo mueve. Mover a México es trasladarlo a puertos holandeses, a propiedades en Florida o a bancos en Suiza. Moverlo es extraerlo de sí mismo para metérselo en el bolsillo…

Podríamos continuar en la misma dirección, pero mejor aclaremos aquello en lo que ha consistido nuestro esbozo de planteamiento hipotético. Lo que hemos hecho es ofrecer algunas respuestas conjeturales para las interrogantes que surgieron al analizar críticamente el eslogan de Peña Nieto. Intentemos resumir:

  1. ¿Por qué “Mover a México” es en infinitivo e impersonal, sin sujeto, sin que sepamos qué o quién moverá a México? Porque muchos no estaríamos de acuerdo con “Mover a México” si se nos informara que México será movido por el corrupto y despiadado sistema económico-político representado por Peña Nieto, por el capitalismo salvaje en complicidad con los políticos deshonestos, por los corporativos y las organizaciones criminales que ven al país como un simple botín.
  2. ¿Por qué “Mover a México” no aclara para qué o hacia dónde? Porque muchos tampoco estaríamos de acuerdo con “Mover a México” si supiéramos que México se moverá hacia cuentas en Suiza y que se le moverá para apoderarse de él, para saquearlo y venderlo.
  3. ¿Por qué el “Mover a México” presenta un país que es movido en lugar de moverse a sí mismo? Porque México evidentemente no se movería a sí mismo para desvalijarse y vaciarse de su riqueza.
  4. ¿Por qué “Mover a México” se refiere a México y no a los mexicanos, al país y no a sus habitantes, a la nación y no a los ciudadanos o votantes? Porque el botín está compuesto de mercancías que pueden comprarse y venderse, y no de seres humanos.
  5. ¿Por qué “Mover a México” sin transformarlo? Porque así como está, con sus desigualdades e impunidades, puede moverse mejor, saquearse mejor, venderse mejor.

Una vez que hayamos respondido hipotéticamente las interrogantes planteadas por el análisis crítico, podremos ir más allá de la impugnación y actuar en consecuencia. Es entonces el momento de verificar nuestras hipótesis y hacer valer nuestra opción política por la transformación. Pero esta fase transformadora, como ya lo sugerí anteriormente, se desarrolla en el ámbito callejero y no en el académico, en las movilizaciones sociales y no en las investigaciones científicas.

No es entre analistas de discurso como decidiremos si nuestras hipótesis fueron correctas. Únicamente en la sociedad, entre los hombres y mujeres de la calle, podremos confirmar si hay verdad en el planteamiento hipotético en el que desemboca el análisis crítico de discurso. Por ejemplo, si mis conjeturas con respecto al “Mover a México” tienen algo de verdad, entonces de seguro tendrán sentido para quienes las escuchen en el ámbito social y así podrán eventualmente contribuir de algún modo a su acción colectiva.

Sólo socialmente pueden verificarse aquellas hipótesis que incumben a la sociedad. Para quienes optamos políticamente por la impugnación y la transformación, la cientificidad social resulta indisociable de la movilización social. La realidad transformada es el correlato objetivo de nuestra ciencia.

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Un pensamiento en “Opciones políticas del análisis textual en las ciencias humanas y sociales: reproducción, justificación, impugnación y transformación ante el eslogan “Mover a México”

  1. Bonjour David,
    Je tombe sur ton blog par hasard, je suis impressionnée par ton parcours et tes publications, une fois de plus!, je voulais donc juste te féliciter.
    Pauline

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